Montaña Rusa

02/06/2018
Por Katherine Aguirre, en  El País Cali

cali, colombia
Quienes siguen los datos sobre homicidios y violencia en Cali viven en una montaña rusa. En este año, hemos pasado por titulares desde “el fin de semana con menos homicidios” hasta “el mes más violento”. Este vaivén que trae consigo el análisis escueto de las estadísticas de homicidios debe ser replanteado.

No olvidemos que cada indicador midiendo los cambios en los homicidios trae consigo personas asesinadas, sueños truncados, el dolor de familias y comunidades. No olvidemos que, en la mayoría de los casos, las víctimas tienen un perfil común. Este año, cerca del 70% de las víctimas han sido hombres entre 15 y 34 años, y cerca de 2/3 ocurrieron en solo 7 de las 22 comunas de la ciudad. Y la historia ha sido casi igual siempre. En Cali -como en la mayoría de ciudades del mundo- la violencia está concentrada y es persistente.

Hay hipótesis sobre la dimensión regional y nacional del crimen, sobre la delincuencia organizada arraigada en los territorios, así como los impactos en el corto plazo de la reacomodación de los grupos de narcotráfico. Las autoridades conocen sobre esto, pero deben ser mas contundentes en sus acciones. Por otro lado, la criminalidad se alimenta de la falta de oportunidades y la exclusión, por lo que el mantenimiento de la ley y el orden no es suficiente. Lo único que garantiza la reducción sostenida es la intervención social, la prevención y el trabajo con la comunidad.

Lo que es cierto en Cali es una cosa: la tasa de homicidios es muy alta. Aun con importantes reducciones en los últimos años, es la ciudad con la mayor tasa de homicidios en el país, y la única colombiana (junto con Palmira) en los rankings de las más violentas del mundo. La resistencia en la reducción de los homicidios denota una complejidad en la violencia que las autoridades no han logrado desentrañar completamente. En la ciudad no se ha evaluado lo que funciona o no para reducir la violencia.