La primera compra de oro como punto de control: Hacia un piso común para impedir la entrada del oro ilegal en el mercado

La minería ilegal de oro se ha consolidado como una de las economías ilícitas más lucrativas de la región andino-amazónica, provocando daños socioambientales como la deforestación, la sedimentación de ríos y la contaminación de suelos y cursos de agua por mercurio, con efectos directos en la salud de las poblaciones locales e indígenas, además de financiar organizaciones criminales y alimentar dinámicas de violencia en los territorios donde opera.

 

Se trata de un problema transnacional: el oro cruza fronteras con facilidad, mientras los mecanismos de control siguen siendo esencialmente nacionales. Cuando un país fortalece sus normas y cierra un vacío regulatorio, el oro ilegal no necesariamente deja de circular, sino que tiende a desviarse hacia países donde los controles son más débiles. Por ello, ningún país puede enfrentar en solitario esta economía ilícita: una respuesta efectiva requiere acción coordinada y un estándar mínimo de control compartido en la región.

 

Esta publicación identifica la primera compra como un punto estratégico, pero aún poco explorado, para impedir que el oro ilegal ingrese al mercado formal. Se trata del momento en que el mineral es adquirido por primera vez por un comprador habilitado, responsable de identificar al vendedor, registrar la transacción y verificar el origen declarado. La primera compra concentra una oportunidad singular de control: los compradores formales constituyen un conjunto delimitado e identificable, mientras que los sitios de extracción son numerosos y a menudo se ubican en zonas de difícil acceso. Además, a medida que avanza en las etapas productivas de la cadena, el oro puede fundirse y mezclarse con otros lotes, lo que hace cada vez más difícil verificar su procedencia.

 

A partir de un análisis comparativo de los modelos regulatorios de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, el estudio identifica debilidades comunes y propone un control de la primera compra apoyado en cuatro frentes: verificación del origen del oro y del vendedor; habilitación y responsabilización del comprador; registro y flujo de información entre autoridades; e intercambio de datos entre países. Entre las medidas propuestas están el cruce de las autorizaciones mineras, la comparación entre el volumen comercializado y la capacidad productiva del área declarada, la adopción de pagos rastreables, la identificación de las transacciones y el intercambio de información entre autoridades mineras, tributarias, aduaneras y de inteligencia financiera.

 

Este piso común no supone la uniformización de las legislaciones ni la adopción de un único modelo institucional. La propuesta busca asegurar que el oro encuentre un nivel equivalente de control en cualquiera de los cinco países analizados, reduciendo las alternativas para su ingreso al mercado formal. Dado que gran parte de los instrumentos necesarios ya existe, el principal desafío es perfeccionar su uso, promover el cruce de información y fortalecer la coordinación nacional y regional. Al estructurar la primera compra como un punto de control compartido, esta publicación presenta un camino factible para cerrar brechas regulatorias y evitar que los esfuerzos de un país sean neutralizados por las debilidades de los demás.

 

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